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lunes, 20 de septiembre de 2021


Los gobiernos de Juan Manuel de Rosas

Juan Manuel de Rosas nació en Buenos Aires el 30 de marzo de 1793. Provenía de una familia muy adinerada. Cursó sus primeros estudios en un colegio privado pero su vocación no iba para el lado de las letras sino para las tareas rurales.

Durante las invasiones inglesas participó activamente de la defensa en el regimiento de Migueletes de Caballería. Tras la reconquista volvió al campo. Se mantuvo completamente al margen de los sucesos de la revolución de mayo.

En marzo de 1813 se casó con Encarnación Ezcurra, quien sería su compañera en la vida y en la política. Tras el casamiento Rosas devuelve a sus padres los campos que les administraba y decide formar su propia empresa: la explotación ganadera, saladero de pescado y exportación de productos varios en la estancia de Los Cerrillos. La dirección de sus estancias le dio a Rosas un gran conocimiento sobre la vida y las costumbres de sus peones. 

Tras la caída del Directorio, en 1820, Rosas comienza a participar activamente de la política bonaerense. Apoyó e impuso la candidatura de Martín Rodríguez a la gobernación de Buenos Aires. Participó activamente en el Pacto de Benegas entre Santa Fe y Buenos Aires y se hizo cargo de entregarle al caudillo santafecino, Estanislao López, 30.000 cabezas de ganado.

El derrocamiento de Dorrego y su posterior fusilamiento a manos de Lavalle, vuelve a colocar a Rosas en el primer plano de la política.

Luego de este episodio, Lavalle marcha hacia Santa Fe para encontrarse con Paz, pero es derrotado en Puente de Márquez por las fuerzas aliadas de López y Juan Manuel de Rosas. Lavalle firma entonces con Rosas el pacto de Cañuelas, que nombra como gobernador interino de Buenos Aires a Viamonte y convoca a una reunión de la sala de representantes porteña para elegir el gobernante definitivo.

El 8 de Diciembre de 1829 la Sala de Representantes proclamó a Juan Manuel de Rosas gobernador de Buenos Aires, otorgándole las facultades extraordinarias y el título de Restaurador de las Leyes.

Rosas llevó a cabo una administración provincial ordenada. Recortó los gastos, aumentó los impuestos, superando lentamente el déficit fiscal heredado, y reanudó las relaciones con la Santa Sede (Vaticano), suspendidas desde 1810.

Fue el sector terrateniente el que sustentó el liderazgo rosista. La estructura social durante este período estuvo basada en la tierra. La gran estancia era la que confería status y poder.

Acompañaban a Rosas en el poder los grupos dominantes porteños que no estaban dispuestos a compartir las rentas de la aduana con el resto de las provincias. El restaurador les garantizaba el orden y la disciplina social necesarios para desarrollar sus actividades económicas.

Rosas gozaba de un gran cantidad de seguidores entre sectores populares de Buenos Aires, y, de esta forma, aparecía ante los terratenientes de la provincia como el único capaz de contener y encauzar las demandas de las clases bajas.

En agosto de 1830 varias provincias del interior conforman la Liga Unitaria bajo el liderazgo del General Paz.

En enero de 1831 Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos firmaron el Pacto Federal, una alianza político militar para terminar con los unitarios de Paz.

Finalmente Paz será derrotado y capturado por López. Rosas, López y Quiroga dominaban la confederación. Pero el restaurador demostró ser el más poderoso y continuó aislando a Buenos Aires de las otras provincias.

En 1832 Rosas fue reelecto como gobernador de Buenos Aires. Exigió que se le renovaran las facultades extraordinarias. La Sala de Representantes se opuso y Rosas renunció.

Fue electo el general Juan Ramón Balcarce, candidato de Rosas que, entre 1833 y 1834, emprendió una campaña al desierto financiada por la provincia y los estancieros bonaerenses preocupados por la amenaza indígena sobre sus propiedades.

Rosas combinó durante la campaña, la conciliación con la represión. Pactó con los Pampas y se enfrentó con los ranqueles y la Confederación liderada por Juan Manuel Calfucurá. El éxito obtenido por el restaurador en la campaña aumentó aún más su prestigio político entre los propietarios bonaerenses, que aumentaron sus riquezas al incorporar nuevas tierras y se sintieron más seguros con la amenaza indígena bajo control.

Rosas se alejó de la provincia pero no de los manejos políticos. Su mujer, Encarnación Ezcurra era su fiel representante y con el apoyo de la Mazorca, conspiró contra los gobiernos de Balcarce, Viamonte y Maza que se sucedieron durante la ausencia del restaurador.

La agitación política conducida por Encarnación contribuyó de manera decisiva a crear un clima de gran inestabilidad favorable a los intereses de Rosas. Un hecho agravará aún más la situación. El caudillo riojano Juan Facundo Quiroga, residía por entonces en Buenos Aires bajo el amparo de Juan Manuel de Rosas, le había manifestado sus inquietudes sobre la necesidad de convocar a un congreso y organizar constitucionalmente al país. Rosas se opuso argumentando que no estaban dadas las condiciones y consideraba que era imprescindible que, previamente, cada provincia se organice. Rosas sabía que la organización nacional implicaría la pérdida para Buenos Aires de las rentas aduaneras, entre otros privilegios.

Quiroga fue asesinado el 16 de febrero de 1835 en Barranca Yaco, provincia de Córdoba. Su muerte 
determinó la renuncia de Maza y provocó entre los legisladores porteños que prevaleciera la idea de la necesidad de un gobierno fuerte, de mano dura. Por una amplia mayoría de votos fue electo nuevamente Juan Manuel de Rosas, en marzo de 1835, esta vez con la suma del poder público.

El poder rosista se consolidó mediante el uso obligatorio de la divisa punzó, del riguroso control de la prensa; y de una dura represión a la oposición ideológica y política realizada por la Sociedad Popular Restauradora, conocida como la Mazorca, la fuerza de choque de Rosas, encargada de la intimidación y la eliminación de los opositores. Durante el largo período rosista, la Mazorca se cobró miles de víctimas.

En 1835, Rosas sancionó la Ley de Aduanas, que protegía a las materias primas y productos locales, prohibiendo en algunos casos y cobrando altos impuestos, en otros, el ingreso de la mercadería importada que pudiera perjudicar a la producción nacional. La Ley favoreció a las provincias pero sobre todo a Buenos Aires que aumentó notablemente sus ingresos aduaneros. Todo producto argentino destinado al exterior debía pagar un impuesto a Buenos Aires y todo producto extranjero destinado a cualquier parte del país debía pagar también a Buenos Aires.

En esta segunda gobernación Rosas favoreció la venta o el otorgamiento de las tierras públicas que pasaron a manos de los grandes ganaderos. Otorgó opción de compra de tierras a los arrendatarios de contratos de enfiteusis facilitando así el acceso a la propiedad privada tanto al norte como al sur del río Salado.

Rosas mantuvo durante gran parte de su mandato excelentes relaciones con los comerciantes británicos y su gobierno. No obstante, Francia no había obtenido de Rosas un tratado comercial como el que Inglaterra había conseguido de Rivadavia. 

Se produce un conflicto diplomático y las naves francesas que estaban estacionadas en el Río de la Plata, bloquearon el puerto de Buenos Aires a fines de marzo de 1838. El bloqueo se mantuvo por dos años generando una obligada política proteccionista, más allá de la Ley de Aduana. Los ganaderos del Sur de la provincia se rebelaron contra Rosas ante la caída de los precios de la carne y las dificultades provocadas por el cerco francés al puerto. Durante el bloqueo se reanudó la guerra civil. Lavalle, con el apoyo francés, invadió Entre Ríos y Santa Fe pero fracasó en su intento de tomar Buenos Aires por carecer de los apoyos necesarios y debió marchar hacia el Norte.

En 1840, finalmente, Francia pone fin al bloqueo. El gobierno de Buenos Aires se comprometió a indemnizar a los ciudadanos franceses, les otorgó los mismos derechos que a los ingleses y decretó una amnistía. Concluido el conflicto con Francia, Rosas limitó la navegación de los ríos Paraná y Uruguay. Bloqueó el puerto de Montevideo y ayudó a Oribe a invadir el Uruguay y a sitiar la capital en 1843. Estas actitudes de Rosas afectaron los intereses de los comerciantes y financistas extranjeros.

En 1845, el puerto de Buenos Aires fue bloqueado nuevamente, esta vez por una flota anglo-francesa. A pesar de la heroica resistencia de Lucio N. Mansilla y sus fuerzas, en la Vuelta de Obligado, una flota extranjera rompió las cadenas colocadas de costa a costa y se adentró en el Río Paraná. El bloqueo no sólo afectaba los intereses de los extranjeros, también perjudicaba a los estancieros del Litoral que no podían navegar libremente por el río Paraná y debían comerciar sus productos por el puerto de Buenos Aires, entre los afectados estaba Justo José de Urquiza, que gobernaba la provincia de Entre Ríos.

Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847 mientras que los franceses lo hicieron un año después. La firme actitud de Rosas durante los bloqueos le valió la felicitación del General San Martín y un apartado especial en su testamento: "El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla."

Los bloqueos impusieron sacrificios a los sectores populares pero no tanto a los estancieros, financistas y grandes comerciantes. Estos grupos disponían de importantes reservas de dinero para sobrellevar los malos tiempos. Por otra parte, durante este período se restringe el sacrificio de animales de manera que al finalizar los bloqueos, las estancias se encuentran con su ganado multiplicado y listo para ser exportado.

Año tras año, argumentando razones de salud, Rosas presentaba su renuncia a la conducción de las relaciones exteriores de la confederación, con la seguridad de que no le sería aceptada. En 1851 el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto, conocido como el Pronunciamiento de Urquiza, en el cual aceptaba la renuncia de Rosas y reasumía para Entre Ríos la conducción de las relaciones exteriores. El conflicto era en esencia económico: Entre Ríos venía reclamando la libre navegación de los ríos, lo que permitiría el intercambio de su producción con el exterior sin necesidad de pasar por Buenos Aires. 

Armado de alianzas internacionales, Urquiza decidió enfrentar al gobierno bonaerense. El emperador de Brasil, Pedro II proveería infantería, caballería, artillería y todo lo necesario, incluso la escuadra. Así fue como alistó a sus hombres en el Ejército Grande, y avanzó sobre Buenos Aires, derrotando a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de Febrero de 1852.

Vencido, el Gobernador de Buenos Aires se embarcó  hacia Inglaterra. Allí se instaló  y volvió a dedicarse a las tareas rurales hasta su muerte ocurrida el 14 de marzo de 1877, a los ochenta y cuatro años.


lunes, 26 de julio de 2021

Las mujeres del Ejército de los Andes

Las guerras por la independencia americana no fueron solo cosas de hombres. En el gran esfuerzo de preparar y ejecutar la campaña de los Andes y la liberación de Chile y del Perú fue destacable la participación de las mujeres ya fueran ellas mestizas, mulatas, señoras o patricias. Si bien es sabido que San Martín no permitía mujeres en el ejército por él creado, ellas hicieron grandes esfuerzos. La creación de la Patria necesitaba, además de corazón y fe, trabajo.


La revolución introdujo muchos cambios en la vida social y cultural del ex Virreinato del Río de la Plata, tanto en  las familias de las elites como la de los sectores populares . Y las mujeres no estuvieron al margen de ese proceso. Por el contrario, tuvieron un rol protagónico y participaron de diferentes formas. Algunas pelearon en las batallas, otras contribuyeron a la organización del ejército y muchas lo hicieron de manera anónima.

Esa convicción de "ser libres" animó la iniciativa liderada por Mariquita Sánchez de Thompson, quien antes de cantar el himno en las tertulias en Buenos Aires, incitó a las mujeres de su clase (como la joven Remedios de Escalada que ya noviaba con San Martín) a comprar las armas que empuñarían los soldados del general Manuel Belgrano bajo la condición que sus nombres fueran grabados en los fusiles.

Por su parte, Remedios de Escalada pertenecía a una familia que se sumó tempranamente a la causa revolucionaria, y junto a su madre, hermanas y amigas conformaron la Sociedad Patriótica en el año 1812, con el objetivo de comprar armamento y ropa. Luego, en Mendoza se integró rápidamente a la sociedad local para liderar cuantiosas operaciones logísticas relacionadas con el equipamiento del ejército de los Andes, como organizar colectas y coser camisas para los soldados. Además, junto a Laureana Ferrari, Margarita Corvalán y Dolores Prats de Huisi, cosieron y bordaron la Bandera del Ejército, quienes fueron asistidas de manera decisiva por tres monjas del Monasterio de la Compañía de María.

Para ataviar a más de 5.000 soldados, más tiendas y frazadas, se requirió del trabajo de una gran cantidad de mujeres que vivían en la Intendencia, sin distinción del grupo social de pertenencia y entre las que se hallaban las reclusas encerradas en la Casa de Recogidas. En definitiva, un ejército de costureras compuesto por indígenas, chinas y negras trabajaron intensamente durante ocho meses.

Además de las patricias costureras, las bordadoras de la bandera de los Andes, hubo mujeres espías y agitadoras como Mercedes Sánchez y la maestra de postas Eulalia Calderón y hasta cierta muchacha que llamaban "Chingolito" que logró seducir y recoger información útil de Marcó del Pont. También, hubo otras, cuyas acciones trasgredieron los imperativos sociales y traspasaron las fronteras de lo concebido como “propiamente femenino”, que las llevó a apropiarse de rasgos reservados a los varones. Es decir, las que se disfrazaron de varones para integrar el ejército de los Andes, como Pascuala Meneses, una joven mendocina de 19 años, muy pobre, que se vistió de varón y logró enrolarse con el nombre de Pascual. Sin embargo, en plena travesía fue descubierta llegando a Uspallata por el general Las Heras, quien le ordenó que regresara a Mendoza ya que San Martín no aceptaba presencia femenina entre sus filas. Mejor suerte tuvo Josefa Tenorio, al lograr su objetivo. Cuando se enteró que, de ganar la guerra los realistas, todos los esclavos que habían sido declarados libres volverían a la esclavitud, decidió alistarse para prestar servicio en los Ejércitos de la Patria. Una vez llegada al campamento de El Plumerillo se le proveyó un uniforme de hombre, sable, pistola y montando su propio caballo se alistó en las fuerzas del general Juan Gregorio de Las Heras, quien le confió una bandera para que la llevase con honor. Agregada al cuerpo del comandante general de guerrillas, Toribio Dávalos, sufrió todo el rigor de la campaña. Hoy es recordada como la mujer que cruzó los Andes. Otra mujer destacada fue Pancha Hernández, nacida en San Luis, que logró obtener la autorización de San Martín para acompañar a su marido en la gesta. Vestida con uniforme de granadera y con el pelo corto, peleó en la campaña libertadora de Chile y llegó hasta Lima en 1821, con el ejército libertador.

La integridad moral y espiritual de las mujeres cumplió un papel fundamental en las campañas libertadoras a Chile y Perú. Sin distinción de razas y clase social, dieron lo que estaba a su alcance: cosieron, cocinaron, hicieron donaciones y colectas, lucharon codo a codo, curaron a los soldados, que debido a los fuertes vientos la conjuntivitis dañaba los ojos y fueron ellas las que se los limpiaban con infusiones, curaron quebraduras, se metían en los campos de batalla para aliviar a los heridos, eran ellas las que abrían sus lesiones para limpiar las infecciones...

Sin embargo, como ya sabemos, en la historia de la humanidad, la presencia de la mujer, generalmente, ha pasado inadvertida. Pero a pesar del silencio, del poco reconocimiento de otros tiempos hoy estamos al tanto de que la historia también la escribieron ellas, las mujeres, las heroínas, las pensadoras, las descubridoras y las luchadoras, que participaron tanto como el hombre en la construcción de esta patria.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Los primeros gobiernos patrios
1810 - 1820

    El 25 de mayo de 1810 asumió la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, también conocida como "Primera Junta".

    Con la incorporación de los diputados del interior quedó constituida, a fines de 1810, la llamada Junta Grande. Esto provocó la renuncia de Mariano Moreno y el enfrentamiento dentro de la nueva junta de sus partidarios y los de Cornelio Saavedra. Los primeros eran partidarios de cambios profundos y de manejar la revolución desde Buenos Aires mientras que los segundos, eran más conservadores y proponían compartir las decisiones con las provincias. Las derrotas del Ejército del Norte, hacían peligrar la continuidad de la lucha contra los realistas, haciendo toar decisiones rápidas : cambiar a la Junta Granda por otra forma de gobierno.

    La creación de un poder ejecutivo de tres miembros, el Triunvirato, se concretó el 23 de septiembre de 1811. Los triunviros Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de Sarratea y el secretario, Bernardino Rivadavia, pensaron que las exigencias de la guerra hacían necesario un poder ejecutivo fuerte y disolvieron todas las juntas provinciales . Estas medidas concentraron todo el poder en Buenos Aires y dejaron al interior sin representantes.

    Un logro fundamental del Segundo Triunvirato fue la concreción del Congreso Constituyente, postergado desde 1810, convocando .a elecciones para diputados a la Asamblea General Constituyente. 

    La Asamblea inauguró sus sesiones a fines de enero de 1813 y se proclamó representante de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tenía por objetivos proclamar la independencia y sancionar una constitución que incluyese la forma republicana de gobierno y la división de poderes. No se logró. Sin embargo, la obra de la Asamblea fue importante aprobó el uso de los símbolos patrios, abolió el uso del escudo de Armas de España, suprimió el uso de la imagen del rey de España en la moneda,  sustituyéndola por el escudo nacional;  declaró fiesta cívica al 25 de Mayo, dictó la libertad de vientres de las esclavas, suprimió la mita y el yanaconazgo; abolió los títulos de nobleza; prohibió y mandó a destruir los instrumentos de tortura, entre muchas otras.

    Mientras sesionaba la Asamblea, se produjo en Europa la derrota de Napoleón. El consecuente retorno de Fernando VII al trono español complicó las cosas. El primer mensaje de Fernando VII a los revolucionarios americanos fue contundente: América era una colonia española y las juntas que gobernaban en su nombre habían caducado. Estaba claro que el rey intentaría por todos los medios reconquistar estos territorios.

    Con la excusa de la amenaza exterior, la Asamblea, dominada por Alvear, dio un paso más en la concentración del poder: creó un poder ejecutivo unipersonal, el Directorio. Gervasio Posada fue el primer Director Supremo del Río de la Plata. Fueron siete los Directores Supremos designados entre los años 1814 y 1820:

        -Gervasio Antonio Posadas (22 de enero de 1814 - 9 de enero de 1815)
        -Carlos María de Alvear (10 de enero de 1815 - 15 de abril de 1815)
        -José Rondeau (no asumió)
        -Ignacio Álvarez Thomas (20 de abril 1815 - 16 de abril de 1816)
        -Antonio González Balcarce (16 de abril de 1816 - 3 de mayo de 1816)
        -Juan Martín de Pueyrredón (3 de mayo de 1816 - 11 de junio de 1819)
        -José Rondeau (11 de junio de 1819 -1 de febrero 1820)    

    En el plano internacional, llegaron a Buenos Aires certeros rumores de que en España se estaba preparando una poderosa expedición militar para aplastar a los movimientos patriotas y se decidió enviar una misión diplomática a España, a cargo de Belgrano y Rivadavia.

    En 1815, el director interino Ignacio Álvarez Thomas, envió una circular a las provincias invitándolas a realizar la elección de diputados para un congreso general que se reuniría en Tucumán. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental decidieron no enviar representantes. Tampoco asistirían diputados de Paraguay y del Alto Perú, con excepción de Chichas o Potosí, Charcas (Chuquisaca o La Plata) y Mizque o Cochabamba.

   Para 1816 la situación de los patriotas no podía ser peor. Por entonces, se vivía en Europa una ola de restauración monárquica (reyes). Entre los reyes que volvían a sus tronos, Fernando VII aparecía como uno de los más reaccionarios. Volvía decidido a recuperar las colonias americanas a toda costa. En América Latina, las cosas iban de mal en peor. En México, a fines de 1815, el fusilamiento del sacerdote revolucionario José María Morelos parecía poner punto final al levantamiento antiespañol. En Venezuela y Nueva Granada (Colombia), una poderosa expedición derrotaba a los patriotas y, en 1815, Simón Bolívar marchaba hacia el exilio en la isla de Jamaica. En Chile, los patriotas estaban dispersos. Los realistas (españoles) habían recuperado el poder y amenazaban seriamente con invadir las últimas provincias rebeldes, las del Río de la Plata, del otro lado de la cordillera.


    El 24 de marzo de 1816 fue finalmente inaugurado el Congreso en Tucumán. El 9 de julio de 1816, el mismo día en que se aprobó el temario, se resolvió considerar como primer punto el tema de la libertad e independencia de las Provincias Unidas. Los diputados no tardaron en ponerse de pie y aclamar la Independencia de las Provincias Unidas de la América del Sud de la dominación de los reyes de España y su metrópoli.

lunes, 3 de mayo de 2021

La Revolución de Mayo en el cine mudo argentino

 Te dejo una joyita del cine argentino: la Revolución de Mayo, en una película del año 1909. Podrás verla, ingresando en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=7_z05hISqx8



La Revolución de Mayo

Durante la etapa virreinal, España mantuvo monopolio comercial con sus colonias americanas, impidiendo el libre comercio con Inglaterra, beneficiaria de una extensa producción manufacturera en plena revolución industrial.

La escasez de autoridades españolas y la necesidad de reemplazar al régimen monopólico, sumado a los cambios que se vivían Europa tras la invasión napoleónica, llevaron a un grupo destacado de la población criolla a impulsar un movimiento revolucionario.

Para febrero de 1810 casi toda España se encontraba en manos de los franceses. Un Consejo de Regencia gobernaba la península en nombre de Fernando VII, prisionero de Napoleón. El 13 de mayo de 1810 llegaron a Buenos Aires las noticias de la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español. La autoridad que había designado al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros había caducado y la propia autoridad del virrey se encontraba cuestionada.

El viernes 18 de mayo, el virrey Cisneros hizo leer por los pregoneros (porque la mayoría de la población no sabía leer ni escribir) una proclama que comenzaba diciendo: “A los leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires”.

El virrey advertía que “en el desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo Gobierno” él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros virreyes de América para crear una Regencia Americana en representación de Fernando.

Cisneros aclaraba que no quería el mando sino la gloria de luchar en defensa del monarca contra toda dominación extranjera.

A medida que los porteños se fueron enterando de la gravedad de la situación, fueron subiendo de tono las charlas políticas en los cafés y en los cuarteles. Todo el mundo hablaba de política y hacía conjeturas sobre el futuro del virreinato.

La situación de Cisneros era muy complicada. La Junta que lo había nombrado virrey había desaparecido y la legitimidad de su mandato quedaba claramente cuestionada. Esto aceleró las condiciones favorables para la acción de los patriotas que se venían reuniendo desde hacía tiempo en forma secreta en la jabonería de Vieytes.

La misma noche del 18, los jóvenes revolucionarios se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el virreinato después de los hechos de España. El grupo encarga a Juan José Castelli y a Martín Rodríguez que se entrevisten con Cisneros.

Las reuniones continuaron hasta la madrugada del sábado 19 de mayo y sin dormir, por la mañana, Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano le pidieron al Alcalde Lezica la convocatoria a un Cabildo Abierto.

Por su parte, Juan José Castelli hizo lo propio ante el síndico Leiva.

El domingo 20 de mayo el virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió su apoyo ante una posible rebelión, pero todos se rehusaron a brindárselo. Por la noche, Castelli y Martín Rodríguez insistieron ante el virrey con el pedido de cabildo abierto. El virrey dijo que era una insolencia y un atrevimiento y quiso improvisar un discurso, pero Rodríguez le advirtió que tenía cinco minutos para decidir. Cisneros le contestó “Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran” y convocó al Cabildo para el día 22 de mayo.

En el «Café de los Catalanes y en «La Fonda de las Naciones», los criollos discutían sobre las mejores estrategias para pasar a la acción

A las nueve de la mañana del 21 de mayo, se reunió el Cabildo como todos los días para tratar los temas de la ciudad. Pero a los pocos minutos los cabildantes tuvieron que interrumpir sus labores. La Plaza de la Victoria estaba ocupada por unos 600 hombres armados de pistolas y puñales que llevaban en sus sombreros el retrato de Fernando VII y en sus solapas una cinta blanca, símbolo de la unidad criollo-española desde la defensa de Buenos Aires. Este grupo de revolucionarios, encabezados por Domingo French y Antonio Luis Beruti, se agrupaban bajo el nombre de la “Legión Infernal” y pedía a los gritos que se concrete la convocatoria al Cabildo Abierto. Los cabildantes acceden al pedido de la multitud.





Los “infernales” no se calman, piden a gritos que el virrey sea suspendido. Debe intervenir el Jefe del regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra, quien logra calmarlos garantizándoles el apoyo militar a sus reclamos.

El 22 de mayo, desde temprano fueron llegando los “cabildantes”. De los 450 invitados sólo concurrieron 251. En la plaza, French, Beruti y los infernales esperan las novedades. La cosa se fue enardeciendo hasta que empezaron los discursos, que duraron unas cuatro horas, sobre si el virrey debía seguir en su cargo o no. Comenzó hablando el Obispo Lué diciendo que mientras hubiera un español en América, los americanos le deberían obediencia. Le salió al cruce Juan José Castelli contestándole que, habiendo caducado el poder Real, la soberanía debía volver al pueblo que podía formar juntas de gobierno tanto en España como en América. Juan José Paso dijo que no había tiempo que perder y que había que formar inmediatamente una junta de gobierno. Casi todos aprobaron la destitución del virrey, pero no se ponían de acuerdo en quién debía asumir el poder y por qué medios. Castelli propuso que fuera el pueblo a través del voto quien eligiese una junta de gobierno; mientras que el jefe de los Patricios, Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo gobierno fuera organizado directamente por el Cabildo. El problema radicaba en que los miembros del Cabildo, muchos de ellos españoles, seguían apoyando al virrey.

Se votó en la noche del 22 y el 23 por la mañana se realizó el conteo de votos. Por 159 a 67, triunfó la opción que exigía la deposición del virrey. Sin embargo, ese mismo día el Cabildo dio su golpe contrarrevolucionario nombrando una junta presidida por al virrey depuesto, algo que resultaría inadmisible para los partidarios del cambio.

El 24 de mayo se confirmaron las versiones: el Cabildo designó efectivamente una junta de gobierno presidida por el virrey e integrada por cuatro vocales: los españoles Juan Nepomuceno Solá y José de los Santos Inchaurregui y los criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra, burlando absolutamente la voluntad popular. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Castelli y Saavedra renunciaron a integrar esta junta Muchos como el coronel Manuel Belgrano fueron perdiendo la paciencia. Cuenta Tomás Guido en sus memorias «En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias observando la indecisión de sus amigos, púsose de pie súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido por el fuego de sangre generosa entró al comedor de la casa del señor Rodríguez Peña y lanzando una mirada en derredor de sí, y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: “Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas”.

Por la noche una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se presentó en la casa de Cisneros con cara de pocos amigos y logró su renuncia. La Junta quedó disuelta y se convocó nuevamente al Cabildo para la mañana siguiente.

El 25 de mayo, grupos de vecinos y milicianos encabezados por Domingo French y Antonio Beruti se fueron juntando frente al cabildo a la espera de definiciones.

El movimiento patriota se había instalado cerca del Cabildo, el cual reunido desde temprano había rechazado la renuncia de la Junta. Ni los jefes militares estaban ya del lado del virrey. Los cabildantes debieron finalmente solicitar la renuncia de Cisneros y aceptar la propuesta de nombrar una nueva junta. Así, nacía el primer gobierno patrio. Saavedra fue el presidente. Lo secundaron Mariano Moreno, Juan José Paso, Manuel Alberti, Miguel Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan Larrea y Domingo Matheu.

Todos juraron en nombre de Fernando VII, pero algunos creían que era sólo cuestión de tiempo para que esto dejara de ser así. Años de guerra deberían pasar antes de que el 9 de julio de 1816 se declarara la independencia.

 

lunes, 22 de marzo de 2021

 La Revolución  Francesa


    Se conoce con el nombre de revolución francesa al movimiento político, social, económico y militar, que surgió en Francia en 1789.

    En 1789 Francia era una de las primeras potencias europeas; desde 1774 reinaba Luis XVI. 

    Los gastos militares y una serie de malas cosechas a partir de 1784, crearon una gravísima situación social. La mayoría de la población se vio en la miseria mientras el lujo y el despilfarro del rey y la nobleza continuaban como si nada ocurriera. Luis XVI se negó a realizar cualquier tipo de reforma y defendió los privilegios de la aristocracia frente al hambre y la miseria de su pueblo que se estaba hartando de la injusticia.

    La sociedad estaba compuesta por tres sectores sociales llamados estados: 

  • El Primer Estado era la Iglesia y lo integraban unas 120.000 personas. Eran dueños del 10% de las tierras de Francia y no pagaban impuestos, sólo un donativo voluntario a la Corona. Recibían de los campesinos el «diezmo», es decir, la décima parte del producto de sus cosechas. Controlaban el registro civil de la población: sólo la Iglesia podía legalizar casamientos, nacimientos y defunciones. La educación francesa estaba en sus manos.
  • El Segundo Estado era la nobleza, integrada por unas 350.000 personas. Eran dueños del 30 % de las tierras. Estaban eximidos de la mayoría de los impuestos y ocupaban todos los cargos públicos. Los campesinos les pagaban tributo y sólo podían venderles sus cosechas a ellos. Tenían tribunales propios, es decir que se juzgaban a sí mismos.
  • El Tercer Estado carecía de poder y decisión política, pero pagaba todos los impuestos, hacía los peores trabajos y no tenía ningún derecho. La burguesía necesitaba tener acceso al poder y manejar un estado centralizado que protegiera e impulsara sus actividades económicas, tal como venía ocurriendo en Inglaterra.
    Tras muchas presiones, finalmente Luis XVI accedió a convocar a los Estados Generales: una asamblea donde estaban representados los diferentes estados. La sesión quedó inaugurada el 5 de mayo de 1789 en el palacio de Versalles con la presencia de 1.200 diputados. En su discurso inaugural el rey no dijo nada nuevo y la impaciencia fue creciendo. El tercer estado obtuvo el apoyo de parte de la Iglesia y logró que se formara una Asamblea Nacional Constituyente con la aparente aprobación del rey. Pero en realidad Luis XVI quería ganar tiempo para conspirar y dar un golpe de fuerza. Alertado el pueblo de París salió a la calle y tomó la prisión de La Bastilla, símbolo del despotismo real, el 14 de Julio de 1789. La burguesía formó una milicia propia, la Guardia Nacional y el gobierno de París cayó en manos de los revolucionarios. 

    El rey tuvo que aceptar la nueva situación y la Asamblea comenzó a producir cambios importantes. El 27 de agosto de 1789 se proclamaron los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Allí se decía que todos los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Se garantizaba la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. Se fijaba la igualdad ante la ley, la libertad política y religiosa y se establecía la división de poderes.

    En junio de 1791, Luis XVI intentó huir de Francia pero fue detenido. Este fracaso monárquico impulsó a los republicanos a apurar la sanción de una constitución democrática que incluía la declaración de los derechos del hombre, la división de poderes y que dejaba el ejecutivo al rey y el legislativo, a la Asamblea. Quedaba establecida la monarquía constitucional.


Causas de la Revolución Francesa
  • El absolutismo monárquico, que se caracterizó por el ilimitado poder del soberano, cuya autoridad no estaba sujeta a control alguno.
  • La desigualdad social política y económica.
  • La falta de libertades y derechos. A estas causas hay que añadir un importante factor: la poderosa influencia de las nuevas ideas.
Consecuencias de la Revolución Francesa
  • Comenzó el principio del fin para las monarquías absolutas europeas y el Antiguo Régimen.
  • Se positivizaron los derechos de las personas.
  • Se establecieron constituciones que limitaron los poderes de los gobernantes.
  • Se consolidó el poder de la burguesía.
  • El feudalismo como sistema económico fue reemplazado por el sistema capitalista.
  • Surgió el concepto de ciudadano en contraposición al de súbdito, propio del Antiguo Régimen.
  • Las ideas revolucionarias se extendieron al continente americano.



 

La Revolución Industrial

    La Revolución Industrial se inició en Inglaterra. Es un período histórico de transformaciones económicas y sociales, entre 1760 y 1840, que desencadenó cambios para las sociedades de todo el mundo. Se caracterizó por el uso de nuevas tecnologías aplicadas a la producción en masa (también denominada, producción en serie). La primera invención que permitió esta nueva forma de producción fue la máquina de vapor, cuyo combustible era el carbón mineral. 

    Entre las principales características de la Revolución Industrial, se destacan: 

  • La producción industrial a gran escala 
  • El dominio de la burguesía sobre la economía y la política, dando origen a la clase social del proletariado. 
  • El desarrollo de nuevas industrias como la textil, la siderúrgica (metales) o la minera. 
  • La sustitución del hierro por el acero, un material más duro y resistente. 
  • El desarrollo del comercio a nivel mundial (debido a la gran capacidad de producción y a las innovaciones en el transporte por tierra y marítimo). 

Causas de la Revolución Industrial 

    La Revolución Industrial se produjo por la interacción de una serie de factores que primero tuvieron lugar en Inglaterra y luego en todo el mundo: 
  •     La revolución agrícola. Hasta el siglo XVIII la actividad agrícola se caracterizaba por el trabajo manual y la tracción con animales, poca propiedad privada (los campos eran más bien abiertos o de propiedad del municipio) y producción escasa. La Revolución Industrial introdujo cambios: comenzó a utilizarse maquinaria para el trabajo de la tierra, los campos se volvieron propiedad privada y se reemplazó el viejo sistema de cultivo por “sistema de rotación Norfolk” (consistía en rotar las variedades de cultivos, de modo que no se saturaran siempre los mismos nutrientes del suelo). 
  •     La revolución demográfica. Debido a los cambios en la alimentación y en la calidad de vida (que pasó del campo a la ciudad), a partir del siglo XVIII se rompió con la tradicional estructura social que solía mantener la misma cantidad de pobladores durante largos períodos de tiempo. La Revolución Industrial introdujo cambios que impactaron en el crecimiento de la población, como la disminución de la mortalidad (debido a la mayor producción de alimentos), el mayor desarrollo de la medicina (gracias al descubrimiento de la vacuna) y mayor cantidad de nacimientos. 
  • Las revoluciones burguesas. A partir de mediados del siglo XVIII la burguesía comenzó a demandar el dominio del poder político y económico que hasta entonces estaba en manos de un rey y de la nobleza, lo que dio origen a la Revolución francesa y de las Trece Colonias (norteamericana), entre otras. La Revolución Industrial no habría sido tal sin el empoderamiento del sector burgués, que introdujo grandes cambios: la creación de emprendimientos y la circulación del capital, el desarrollo de la industria mediante la propiedad privada, los avances tecnológicos, el comercio y la economía capitalista. Además, los burgueses fomentaron la creación de significativos inventos. A la par, surgió una nueva clase social: el proletariado, la clase obrera que carecía de propiedades o medios de producción. 

Inventos clave de la Revolución Industrial 

    Las tecnologías aplicadas a la producción marcaron un cambio muy importante para las industrias, debido a que el trabajo manual fue reemplazado por la fabricación en serie. Son invenciones clave que desencadenar la revolución fueron: 
  • La máquina de vapor. Patentada en 1769 por James Watt (Escocia), resultó el invento más importante de la Revolución industrial. Los primeros usos fueron en el transporte (permitió fomentar el comercio), la industria textil (permitió realizar producción en serie a través de maquinarias) y la metalúrgica (permitió trabajar el hierro y el acero para elaborar transportes y maquinarias industriales). 
  • El alumbrado público a gas. La instalación de lámparas a gas en las calles revolucionó a las ciudades, que se convirtieron en lugares más seguros para transitar al estar iluminadas en horarios en los que ya no había luz solar. A fines del período de la Revolución Industrial, las ciudades se habían transformado y las poblaciones se habían duplicado o triplicado. 

Consecuencias de la Revolución Industrial 

    Los grandes conglomerados urbanos multiplicaron la concentración de contaminantes propios de las ciudades: residuos orgánicos y contaminantes atmosféricos provenientes de las estufas. Además, tanto en la primera como en la segunda etapa de la Revolución Industrial, la producción en fábricas dependió en gran medida del uso de combustibles, con la consecuente contaminación del aire. 

    Antes de la organización de los sectores de trabajadores, no existían leyes que regularan el trabajo del proletariado. Por eso, las jornadas laborales eran tan largas que se tornaban insalubres, además de que estaba permitido el trabajo infantil.

jueves, 4 de junio de 2020


CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO NACIONAL:
PRESIDENCIAS FUNDADORAS

Luego de la batalla de Pavón se sucedieron los gobiernos de Bartolomé Mitre (1862-68), Domingo F. Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880), quienes concretaron la derrota de las oposiciones del interior, la ocupación del todo el territorio nacional y la organización institucional del país fomentando la educación, la agricultura, las comunicaciones, los transportes, la inmigración y la incorporación de la Argentina al mercado mundial como proveedora de materias primas y compradora de manufacturas.


PRESIDENCIA DE BARTOLOMÉ MITRE


Como presidente, Mitre instituye a Buenos Aires como la Capital Provisional de la Nación e impuso la explotación nacional de las vías de agua y puertos.

Tal vez lo más tristemente célebre de su gestión es la participación Argentina en la "Guerra de la Triple Alianza" contra la República del Paraguay, donde se produjo una verdadera masacre contra el país hermano.

Creó nuestro sistema fiscal y también el jurídico. Durante este periodo se estableció la Corte Suprema de la Nación y para darle base independiente, afianzando su naciente institucionalidad, el presidente nombró a una mayoría de jueces opositores.

Mitre apostó por el metal británico y junto a las inversiones inglesas -para el desarrollo ferroviario- llegaron las locomotoras, los operarios y hasta los maquinistas. Durante esta administración no existió unidad monetaria, ni banco nacional. Se instalaron bancos extranjeros que actuaron como prestamistas. 

La buena situación mundial generó demandas de nuestros productos, vendimos materias primas al exterior, en especial a Inglaterra. 

En materia educativa se impulsó la formación secundaria a través de la creación de colegios nacionales en todo el país.

Una de las más importantes contribuciones de Mitre surgió al finalizar su gobierno, cuando dispuso lo necesario para la elección constitucional de su sucesor, Domingo F. Sarmiento. 



PRESIDENCIA DE DOMINGO F. SARMIENTO




Asumió el mando el 12 de octubre de 1868, volvió al país desde Norteamérica donde se había desempeñado como embajador.
Se realizó en 1869 el primer censo nacional. Puso de relieve los aspectos de la estructura social que necesitaban ser modificados. El censo descubrió un país de grandes extensiones territoriales pero deshabitadas o en poder de los indios y un índice altísimo de analfabetos que alcanzaba el 71%.

Durante la presidencia de Sarmiento, se realizó una vigorosa actividad entorno al tema educativo. Creó las primeras escuelas normales, el Colegio Militar (1870), la Escuela Naval (1872), el Observatorio Astronómico (1872), la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (1870) y alrededor de ochocientas escuelas primarias. Durante su gobierno la población escolar se elevó de treinta mil a cien mil alumnos. Proyectó la ley sobre la creación de bibliotecas públicas y abrió las primeras escuelas públicas y creó también las primeras escuelas para sordomudos.

Se dio impulso a la inmigración que se asentó preferentemente en el litoral donde se fundaron numerosas colonias agrícolas. En 1871 se inauguró la primera Exposición Nacional en Córdoba donde se exhibían los productos agrícolas, ganaderos e industriales de nuestro país . Mejoró las condiciones sanitarias y de higiene especialmente en la ciudad de Buenos Aires para evitar una nueva epidemia de fiebre amarilla como la que se desató en 1871. Dispuso la creación de un nuevo cementerio en la Chacarita.

Durante su gestión se aprobó el Código Civil creado por Velez Sarsfield, ministro del Interior.

Al finalizar la guerra del Paraguay, su ministro de relaciones exteriores, Mariano Varela, gestionó los acuerdos de paz finales. 

Durante el gobierno de Sarmiento se multiplicaron los diarios y publicaciones de todo tipo. En 1867, apareció "La Capital" de Rosario. En 1869 surgió 'La Prensa" y, en 1870, "La Nación".




PRESIDENCIA DE NICOLÁS AVELLANEDA


El 14 de abril de 1874 se realizaron las elecciones, que fueron ganadas por Avellaneda. Mitre denunció fraude electoral y se aprestó para resistir por las armas.

La revolución estalló el 24 de setiembre de 1874, pero fue completamente derrotada luego de las batallas de La Verde, librada el 6 de noviembre, y Santa Rosa, llevada a cabo el 8 de diciembre luego de ello, Mitre se rindió al ejército.

El nuevo presidente debió abocarse a resolver una apremiante crisis económica que no tenía precedentes en el país. Los problemas internos habían deteriorado la economía nacional.

El incremento de la explotación cerealera produjo un excedente de trigo, iniciándose la exportación hacia Europa. Un acontecimiento que habría de variar fundamentalmente la actividad agropecuaria argentina fue la exportación de los primeros lotes de carne enfriada. 


En materia ferroviaria se continuó el ritmo iniciado en las presidencias anteriores. Se creó el Departamento general de Inmigración, anotándose la entrada de casi 250.000 inmigrantes amparados en una nueva ley dictada al efecto.

El gran crecimiento demográfico (de población) y la mejora de los trasportes favorecieron el desplazamiento masivo de la población europea, aunque los motivos principales fueron las guerras, las oleadas represivas y las crisis económicas.

Los inmigrantes venían atraídos por las múltiples oportunidades de trabajo, los altos salarios y las garantías legales que les ofrecía nuestro país.

Favorecido por la presencia del puerto y la expansión de la red ferroviaria que lo comunicaba con el resto del país, Buenos Aires era el eje vital del comercio de importación y exportación, a la que sumaban su trabajo los miles de inmigrantes que llegaban anualmente a sus muelles.

Durante el gobierno de Avellaneda no escasearon las alteraciones del orden público en las provincias ni los conflictos entre el Poder Ejecutivo Nacional y las autoridades del Interior. Estos conflictos se tradujeron en diversas intervenciones a las provincias. También se llevó a cabo la Campaña al desierto, en busca de la extensión de la frontera sur.










ORIGEN DEL ESTADO-NACIÓN

BREVE RECORRIDO HISTÓRICO DE LA FORMACIÓN DE NUESTRO PAÍS, 
DESDE EL VIRREINATO A 1880



jueves, 28 de mayo de 2020


La particular amistad por correspondencia entre Rosas y San Martín


A pesar de no verse en persona San Martín y Juan Manuel de Rosas tenían una fuerte amistad. Tanto
así que en su testamento le legó su famoso sable corvo. 

Además de sus grandes dotes estratégicos y militares, San Martín era un hombre de ideas y política. Sin embargo esto en ocasiones le jugó una mala pasada con algunos de los políticos de Buenos Aires. Desde su exilio forjó una amistad con Juan Manuel de Rosas quien, según el propio libertador de América, compartía sus mismos deseos para la patria.

Pocos conocen tanto la historia de San Martín como Esteban Ocampo, ex granadero e historiador. Ingresá aquí para conocer más.

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miércoles, 27 de mayo de 2020

Artículo periodístico de Manuel Belgrano 
acerca de la importancia de mantener la unión de una nación, 
escrito una semana antes de que estallara la revolución de mayo de 1810

Causas de la destrucción o de la conservación y engrandecimiento de las naciones 

Procurando indagar en la historia de los pueblos las causas de la extinción de su existencia política, habiendo conseguido muchos de ellos un renombre que ha llegado hasta nuestros días, en vano las hemos buscado en la falta de religión, en sus malas instituciones y leyes, en el abuso de la autoridad de los gobernantes, en la corrupción de costumbres, y demás. Después de un maduro examen y de la reflexión más detenida, hemos venido a inferir, que cada uno de aquellos motivos, y todos juntos no han sido más que concausas, o mejor diremos, los antecedentes que han producido la única, la principal, en una palabra, la desunión. Esta sola voz es capaz de traer a la imaginación los más horribles desastres que con ella puede sufrir la sociedad, sea cual fuere el gobierno que la dirija; basta la desunión para originar las guerras civiles, para dar entrada al enemigo por débil que sea, para arruinar el imperio más floreciente. Tantos ejemplos podemos presentar a nuestros lectores de esto, cuantos han sido los pueblos de quienes nos da noticia la historia antigua y moderna; no hay más que abrir sus hojas, y en ellas se verá la verdad de nuestra proposición. Nos dilataríamos demasiado si nos pusiésemos a referir las uniones que han existido en la Asia, África, Europa y este continente, y describiésemos los hechos que acreditan que la desunión ha traído consigo su anonadamiento, después de haberlas hecho el juguete del primero que se aprovechó de ese estado, y haberlas reducido al de la estupidez más vergonzosa. La historia misma de nuestra nación, en la época que estamos corriendo, nos presenta más de una prueba de que la desunión es el origen de los males comunes en que estamos envueltos, y que nos darán muchos motivos para llorarlos, mientras existamos, aún logrando salir victoriosos de la lucha gloriosa en que se halla nuestra España europea. Todos saben la consonancia que hay entre el cuerpo político, con el cuerpo físico: uno y otro tiene su principio, medio y fin; y así como éste se acelera en el segundo, cuando pierde la unión de las partes que lo componen del mismo modo sucede en el primero, cuando por la división de opiniones, por el choque de intereses, por el mal orden, y otras concausas resulta la desunión. Pero si todavía hay alguno que lo dudare, examine la historia de su propia familia, que no es más que en punto menor la copia de la gran familia que se llama una Nación; y estamos ciertos que encontraría muchas razones para convenir con nosotros, que la desunión de sus individuos le habrá hecho experimentar mil perjuicios, y tal vez descender de la prosperidad a la desgracia más espantosa. 
Por el contrario, la unión ha sostenido a las naciones contra los ataques más bien meditados del poder, y las ha elevado al grado de mayor engrandecimiento; hallando por su medio cuantos recursos han necesitado, en todas las circunstancias o para sobrellevar los infortunios, o para aprovecharse de las ventajas que el orden de los acontecimientos les ha presentado. Ella es la única, capaz de sacar a las naciones del estado de opresión en que las ponen sus enemigos; de volverlas a su esplendor, y de contenerlas en las orillas del precipicio; infinitos ejemplos nos presenta la historia en comprobación de esto; y así es que los políticos sabios de todas las naciones, siempre han aconsejado a las suyas, que sea perpetua la unión y que exista del mismo modo el afecto fraternal entre todos los ciudadanos. La unión es la muralla política contra la cual se dirigen los tiros de los enemigos exteriores e interiores; porque conocen que arruinándola, está arruinada la nación venciendo por lo general el partido de la injusticia, y de sin razón, a quien, comúnmente, lo diremos más bien, siempre se agrega el que aspira a subyugarla. Por lo tanto, es la joya más preciosa que tienen las naciones. Infelices aquellas que dejan arrebatársela, o que permitan, siquiera, que se les descomponga; su ruina es inevitable, y lo peor es, que se hace imposible recuperarla, o si se consigue, es padeciendo las convulsiones más violentas, y los males más penosos. De lo dicho deducimos que la desunión es el aniquilamiento de las naciones; y que al opuesto, la unión cuando no las engrandezca, al menos las conservará en medio de las acechanzas, insidias y ataques por poderosos que sean. Cicerón decía al Senado en su oración acerca de las respuestas de los Augures, "que otro tiempo Roma por su firmeza y valor podía sobrellevar los descuidos del Senado, y aún las injurias de los ciudadanos, pero que ya le era imposible, porque todo se había trastornado; ni se respetaba la autoridad, ni se pagaban los derechos, ni se sostenía la justicia, y en vano se buscaría un ciudadano que se opusiese al torrente que amenaza la salud de la Patria". Pero añade que en medio de tantos males solo la unión puede conservarla, “quare hunc statum, que nunc est, qualis-cumque est, nulla alia re, nisi concordia, retimere possumus". Véase aquí una lección, producto de los grandes conocimientos, y de la propia experiencia de un político tan sabio, dada a su misma Nación, y en ella de todas las demás que habían de sucederle. La unión es un valor inestimable en una nación para su general y particular felicidad; todos sus individuos deben amarla de corazón y pensar y hablar de ella como de la égida de su seguridad; cualesquiera que así lo ejecute, no importa que le falten grandes recursos; con la unión se sostendrá, con la unión será respetable; con ella al fin se engrandecerá.  

Los lugares donde transcurrió la Revolución de Mayo 
ya no existen o cambiaron su fisonomía

Los lugares por donde transcurrió la Revolución de Mayo prácticamente ya no existen porque algunos fueron transformados y otros directamente demolidos, y si bien el Cabildo es el edificio emblemático de aquellos días de 1810, otros espacios de sus alrededores y de la periferia de la ciudad de Buenos Aires de entonces son las huellas borrosas de ese nuevo camino que se abría en la región.

"Una de las características principales de Buenos Aires es que fue construida y reconstruida varias veces y casi no queda nada de aquella ciudad a nivel físico, salvo el trazado de las calles, las plazas y las iglesias, que tampoco se parecen a aquella época", aseguró  Gabriel di Meglio, historiador, investigador del Conicet y director del Museo Nacional del Cabildo.

Di Meglio señaló que "el mayor recuerdo que se tiene es el Cabildo, porque incluso el espacio de la Plaza de Mayo no tiene nada que ver con aquélla época".

La Recova, la calle Defensa, el Colegio San Carlos, la Catedral, la Plaza de Mayo, la casa de Nicolás Rodríguez Peña, los cuarteles de los Patricios, las pulperías de los alrededores, son esos lugares por donde anduvieron los criollos porteños en el marco de un clima social y político que hablaba de cambio, donde los hombres y mujeres que protagonizaron aquellas jornadas iban y venían, debatían, se enfrentaban, decidían enfervorizados, expectantes, pugnando por sus intereses y contra España.

La Plaza de la Victoria (que era la Plaza Mayor antes de las Invasiones Inglesas y posteriormente la Plaza de Mayo) fue un espacio fundamental en ese momento, pero no tenía la dimensión ni la forma actual; eran dos plazas divididas por el edificio comercial de la Recova, y del lado del Cabildo y la Catedral estaba la plaza política: allí la gente podía reunirse para protestar o exigir alguna cuestión política. En tanto, la otra plaza estaba en el lugar donde hoy se encuentra la Casa Rosada, que era el fuerte de Buenos Aires, la sede del gobierno virreinal.

Di Meglio describió algunos de los lugares más conocidos donde se reunían los protagonistas de la revolución, que hoy no existen, como la casa de uno de los promotores de este proceso, el comerciante y militar Rodríguez Peña, que estaba ubicada en la actual plaza que lleva su nombre en Callao, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, que por entonces estaba en las afueras de la ciudad. "Rodríguez Peña tenía una jabonería que administraba Hipólito Vieytes, que no existe más, ubicada en la zona actual de la intersección de Venezuela y la Avenida 9 de julio", dijo el historiador.

Otro espacio fundamental es lo que hoy se llama la Manzana de las Luces, allí estaban los cuarteles desde 1806, que no era el ejército si no vecinos armados, y estaba el cuartel de Patricios que fueron muy importantes para que triunfe la revolución. Ese espacio tampoco existe como tal. No obstante, hay un edificio jesuita que es anterior, el Colegio San Carlos, donde uno puede imaginarse como era la época. Otro lugar importante, sobre todo a partir de 1810, era el Café de Marcos, donde se reunía el grupo de Mariano Moreno.

También están las pulperías, que había prácticamente una por esquina donde se juntaba la gente común, los pobres, que van a tener un papel importante sobre todo después del 25.

Por su parte, el historiador e investigador de la dirección de Patrimonio Histórico de la ciudad de Buenos Aires, Enrique Rovira, además de referirse a espacios que describió di Meglio, mencionó la importancia de la Catedral donde "se hizo el primer Tedeum en el que participan los cabildantes y los religiosos, era una acción de gracia que se celebraba por el rey que estaba cautivo y por otro lado, por la formación de la Junta, y así es como esa celebración del Tedeum quedó como tradición hasta nuestros días".

Rovira se refirió a la Recova, donde se ejercía el comercio con locales para la venta de distintos productos, ubicado frente al Cabildo, en la mitad de la Plaza de Mayo, "un lugar con arcadas simétricas, que se había hecho en 1804 para despejar la Plaza de la Victoria", del que no quedó nada. Esa plaza no tenía árboles, ni jardín, ni canteros, porque era un lugar donde llegaban las carretas que traían los productos del puerto.

sábado, 16 de mayo de 2020


Las noticias que desencadenan la revolución de mayo

Todo fue cambiando

Hacía tiempo que el ritmo natural que durante siglos había caracterizado a las colonias españolas de América se había alterado: las guerras en Europa, las  reformas borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII, la inquietud de la aristocracia española americana y el descontento de muchos criollos que generaban no pocas preocupaciones, el comercio con los ingleses y la circulación de ideas derivadas de la Revolución Francesa hacían que la sociedad de los estratos sociales definidos y duraderos comenzara a resquebrajarse.

Llegan noticias

El 13 de mayo de 1810, los habitantes de Buenos Aires pudieron confirmar los rumores que circulaban intensamente. La fragata John Paris, que había partido de Gibraltar el 22 de marzo o, según otras versiones, el buque Mistletoe, traía la noticia de la caída, en manos de los ejércitos napoleónicos, de la Junta Central de Sevilla, último bastión de la Corona española en pie.

El viernes 18 el virrey Cisneros dirigió una proclama a “los leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires” en la que anunciaba que “en el desgraciado caso de una total pérdida de la península y falta del Supremo Gobierno", él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros virreyes de América para crear una Regencia Americana en representación de Fernando. 

Cisneros aclaraba que no quería el mando sino la gloria de luchar en defensa del monarca contra toda dominación extraña y, finalmente, prevenía al pueblo sobre "los genios inquietantes y malignos que procuran crear divisiones".

El principio del fin

Nadie ignoraba que la Junta que había nombrado a Cisneros como virrey, de donde emanaba su autoridad, había desaparecido y los patriotas porteños creyeron que era momento de convocar a un Cabildo Abierto que discutiera los pasos a seguir. Muy pronto se precipitarían los sucesos del 25 de mayo.




Invasiones inglesas

En la segunda mitad del siglo XVIII el dominio inglés de los mares era indiscutible. Para los barcos franceses, holandeses y españoles, cruzar los mares podía ser una aventura peligrosa. 

Entre 1702 y 1808 España e Inglaterra sostuvieron seis conflictos armados. Una consecuencia directa de esta batallas fue que España fue espaciando sus comunicaciones y la provisión de sus colonias americanas. La protección militar de sus dominios se vio seriamente debilitada. 

En el viejo mundo el principal obstáculo para la expansión napoleónica era Inglaterra. Napoleón comenzó a soñar con dominar las dos riberas del Canal de la Mancha. El encuentro entre la flota aliada de España y Francia, por un lado, y los ingleses, por otro, se produjo finalmente el 21 de octubre de 1805 en Trafalgar, cerca de Cádiz.

La pericia del almirante Nelson determinó el triunfo total de los británicos. La flota aliada quedó prácticamente aniquilada.

Primera invasión inglesa

La noche del 24 de junio de 1806, el virrey Sobremonte asistía a la función teatral de la obra de Moratín El Sí de las niñas, cuando recibió una comunicación del Comandante de Ensenada de Barragán, capitán de navío francés Santiago de Liniers, en la que le informaba que una flota de guerra inglesa se acercaba y que había disparado varios cañonazos sobre su posición.

A las 11 de la mañana del 25 de junio de 1806, los ingleses desembarcaron en Quilmes y en pocas horas ocuparon Buenos Aires.

El virrey Sobremonte huyó y trató de salvar los caudales públicos (tesoros), pero estos serían finalmente capturados por los británicos. Parte del botín se repartió entre la tropa. 

Beresford, comandante inglés, en su primera proclama dice que la población de Buenos Aires está "cobijada bajo el honor, la generosidad y la humanidad del carácter británico". Se apresuró a decretar la libertad de comercio y redujo los derechos de Aduana para los productos británicos. 

Muchos funcionarios criollos pasaron por el fuerte a jurar fidelidad a su "Gloriosa Majestad". Manuel Belgrano prefirió retirarse a su estancia de la Banda Oriental. Antes de irse pronunciará su famosa frase: «Queremos al viejo amo o a ninguno».

Buenos Aires sería por 46 días una colonia inglesa. El Times de Londres, decía:


"En este momento Buenos Aires forma parte del Imperio Británico, y cuando consideramos las consecuencias resultantes de tal situación y sus posibilidades comerciales, así como también de su influencia política, no sabemos cómo expresarnos en términos adecuados a nuestra idea de las ventajas que se derivarán para la nación a partir de esta conquista."

Los oficiales ingleses alternaban con las principales familias porteñas y se alojaban en sus casas, donde se sucedían las fiestas en homenaje a los invasores. Pero la mayoría de la población, que era hostil a los invasores y estaba indignada por la ineptitud de las autoridades españolas, decidió prepararse para la resistencia. 

Aparecieron varios proyectos para acabar con los ingleses, desde volar el fuerte y todas las posiciones inglesas, hasta financiar cualquier acción contra los invasores. 

El jefe del fuerte de la ensenada de Barragán, el marino francés Santiago de Liniers, se trasladó a Montevideo y organizó las tropas para reconquistar Buenos Aires. Pocas semanas después del desembarco, Liniers y su gente obligaron a Beresford, tras haber perdido 300 de sus hombres, a rendirse el 12 de agosto de 1806.

El Times no salía de su asombro:


"El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado y hace ya tiempo que no queda un solo soldado británico en la parte española de Sudamérica. Los detalles de este desastre, quizás el más grande que ha sufrido este país desde el comienzo de la guerra revolucionaria, fueron publicados en el número anterior."

Ante la ausencia del Virrey Sobremonte, un Cabildo abierto otorgó a Liniers el mando militar de la ciudad, como corolario de una "pueblada". Esta medida era claramente revolucionaria: el cabildo ejerciendo su soberanía, pasaba por encima de la voluntad del virrey.

Segunda invasión inglesa

Frente a la posibilidad de una nueva invasión, los vecinos se movilizaron para la defensa formando las milicias ante el fracaso de la tropa regular española.

Todos los habitantes de la capital se transformaron en milicianos. Liniers permitió que cada hombre llevara las armas a su casa y puso a cargo de cada jefe las municiones de cada unidad de combate.

Los nacidos en Buenos Aires formaron el cuerpo de Patricios, en su mayoría eran jornaleros y artesanos pobres; los del interior, el de Arribeños, porque pertenecían a las provincias "de arriba", compuesto por peones y jornaleros; los esclavos e indios, el de pardos y morenos. Por su parte los españoles se integraron en los cuerpos de gallegos, catalanes, cántabros, montañeses y andaluces. En cada milicia los jefes y oficiales fueron elegidos por sus integrantes democráticamente.

Entre los jefes electos se destacaban algunos jóvenes criollos que accedían por primera vez a una posición de poder y popularidad. Allí estaban Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Martín Rodríguez, Hipólito Vieytes, Domingo French, Juan Martín de Pueyrredón y Antonio Luis Beruti.

La ciudad se militarizó pero también se politizó. Las milicias eran ámbitos naturales para la discusión política y el espíritu conspirativo iba tomando forma lenta pero firmemente. 

Tal como se preveía, en junio de 1807, una nueva expedición inglesa encabezada por el General Whitelocke, con doce mil hombres y cien barcos mercantes cargados de productos británicos, trató de apoderarse de Buenos Aires.

Tras vencer las primeras resistencias, los invasores avanzaron sobre la ciudad.

La capital ya no estaba indefensa. Liniers, y Álzaga, alcalde de la ciudad, habían alistado 8.600 hombres y organizado a los vecinos. Los improvisados oficiales habían sido civiles hasta pocos meses antes, como el hacendado Cornelio Saavedra.

Cuando los ingleses pensaban que volverían a desfilar por las estrechas calles, desde los balcones y terrazas fueron recibidos a tiros, pedradas y torrentes de agua hirviendo. Entre sorprendidos y chamuscados los ingleses optaron por rendirse. 

En el acta de la capitulación pretenden, infructuosamente, incluir una cláusula que los autorizaría a vender libremente la abundante mercadería traída en los barcos.

jueves, 7 de mayo de 2020



Revolución Francesa


El 14 de julio de 1789 fue el comienzo de la Revolución Francesa.



En aquella época, la mayor parte de los franceses vivían en la pobreza y no tenían libertad para decidir quién les gobernaba. Pero el rey, la iglesia y los nobles acumulaban grandes riquezas y privilegios: organizaban lujosas fiestas y bailes en el palacio de Versalles. Y mientras tanto, la gente pasaba hambre: las cosechas se habían perdido, no podían hacer pan y además debían pagar impuestos a los ricos.

Hartos de esta situación, el pueblo de París se lanzó a la calle, precisamente el 14 de julio y asaltó la Bastilla, la fortaleza de París y tomó las armas: querían luchar por un futuro mejor para ellos y sus hijos.

A partir de ese momento la revolución se extendió por toda Francia. Todos unidos consiguieron su objetivo : acabar con los privilegios, lograr la igualdad de todos los franceses y la libertad del pueblo, unos derechos que se recogieron unos días más tarde en la Declaración de los Derechos Humanos y en el lema de la República Francesa: "Libertad, Igualdad y Fraternidad", que sigue hoy en la actualidad.

La Revolución francesa es importante porque cambió la forma de gobierno que durante muchísimos años hubo en Francia y otros países de Europa y dio paso a una nueva forma de Estado, en la que el pueblo puede hacer oír su voz y decidir quién gobierna.